martes, 22 de marzo de 2011

Ana de Mendoza de la Cerda

Ana de Mendoza de la Cerda, princesa de Éboli, condesa de Mélito y duquesa de Pastrana, (Cifuentes, Guadalajara, 29 de junio de 1540 - Pastrana, 2 de febrero de 1592) fue una aristócrata española.

 Biografía

Primeros años

Doña Ana pertenecía a una de las familias castellanas más poderosas de la época: los Mendoza. Hija única del matrimonio entre don Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda, virrey de Aragón, y doña María Catalina de Silva y Toledo, se casó a la edad de doce años (1552) con Ruy Gómez de Silva, por recomendación del príncipe Felipe, futuro Felipe II; su marido era príncipe de Éboli (ciudad ubicada en el Reino de Nápoles) y ministro del rey. Los compromisos de Ruy motivaron su presencia en Inglaterra por lo que los cinco primeros años de matrimonio, apenas estuvieron tres meses los cónyuges juntos.
Fue una de las mujeres de más talento de su época, y aunque perdió un ojo a causa de un entrenamiento de esgrima, se la estimaba como una de las damas más hermosas de la corte española. Entre las teorías que se barajan sobre la pérdida de su ojo derecho, la más respaldada es la que asegura que la princesa fue dañada por la punta de un florete manejado por un paje durante su infancia. Pero este dato no es claro, quizá no fuese tuerta sino estrábica, aunque hay pocos datos que mencionen dicho defecto físico. En cualquier caso, su defecto no restaba belleza a su rostro; su carácter altivo y su amor por el lujo se convirtieron en su mejor etiqueta de presentación, y ejerció una gran influencia en la corte.

Matrimonio e hijos

Durante el periodo de su matrimonio la vida de Ana fue estable y no se le conocen andanzas ni problemas. Tuvieron diez hijos:
  • Rodrigo de Silva y Mendoza, II duque de Pastrana (1562-1596). Matrimonio: Ana de Portugal y Borja.
  • Diego de Silva y Mendoza, marqués de Alenquer (1564-1630). Matrimonios: Luisa de Cárdenas y María Ana Sarmiento Villandrano de Ulloa, condesa de Salinas.
  • Ruy Gómez de Silva, I marqués de La Eliseda (1565- 1616). Matrimonios: Ana de Aguilar, Jerónima Fernández de Hijar y Antonia Manrique de Lara, XI condesa de Castañeda.
  • Francisco de Silva, arzobispo de Zaragoza
  • Ana de Silva y Mendoza (1560-1610), mujer de Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga, VII duque de Medina-Sidonia.
  • Pedro de Silva y Mendoza (c. 1563): Muerto de niño.
  • Fernando de Silva y Mendoza, luego Fray Pedro González de Mendoza, (1570-1639)
  • María de Mendoza y María de Silva (c. 1570): gemelas o mellizas, muertas de niñas.
  • Ana de Silva y Mendoza (1573-1614), fue la última hija de la pareja y quien acompañó a su madre en los años de encierro.[1]

] Conflicto con Teresa de Jesús


Teresa de Jesús tuvo varios enfrentamientos con la princesa.
Solicitó junto con su marido dos conventos de carmelitas en Pastrana. Entorpeció los trabajos porque quería que se construyesen según sus dictados, provocando así numerosos conflictos con monjas, frailes, y sobre todo con Teresa de Jesús, fundadora de las Carmelitas descalzas. Ruy Gómez de Silva puso paz, pero cuando este murió volvieron los problemas, ya que la princesa quería ser monja y que todas sus criadas también lo fueran. Le fue concedido a regañadientes por Teresa de Jesús y se la ubicó en una celda austera. Pronto se cansó de esta celda y se fue a una casa ubicada en el huerto del convento con sus criadas. Allí tendría armarios para guardar sus lujosos vestidos y sus joyas, además de tener comunicación directa con la calle, pudiendo salir a voluntad. Ante esto, por mandato de Teresa, todas las monjas se fueron del convento y abandonaron Pastrana, dejando sola a Ana. Ésta volvió de nuevo a su palacio de Madrid, no sin antes publicar una biografía tergiversada de Teresa, lo que produjo el alzamiento de escándalo de la Inquisición, que prohibió la obra durante diez años.


Tras la muerte de Ruy Gómez de Silva

Tras la repentina muerte de Ruy Gómez de Silva en 1573, Ana se vio obligada a disponer de su amplio patrimonio y durante el resto de su vida tuvo una existencia problemática. Gracias a su influyente apellido, consiguió una posición desahogada para sus hijos. Su hija mayor Ana casaría con Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga, VII duque de Medina Sidonia; el siguiente, Rodrigo, heredaría el ducado de Pastrana; Diego sería duque de Francavilla, virrey de Portugal y marqués de Allenquer. A su hijo Fernando, ante la posibilidad de llegar a cardenal, le hicieron entrar en religión; pero éste escogió ser franciscano cambiando su nombre a Fray Pedro González de Mendoza (como su tatarabuelo el Gran Cardenal Mendoza) y llegaría a ser arzobispo.


La corte de Felipe II y sus intrigas

Debido a su alta posición, mantenía relaciones cercanas con el primero príncipe y luego rey Felipe II, lo que animó a varios a catalogarla como amante del rey, principalmente durante el matrimonio de éste con la joven Isabel de Valois, de la cual fue amiga. Lo que sí parece seguro es que, una vez viuda (1573) sostuvo relaciones con Antonio Pérez, secretario del rey. Antonio era seis años mayor que ella y no se sabe realmente si lo suyo fue simplemente una cuestión de amor, de política o de búsqueda de un apoyo que le faltaba desde que muriera su marido. Estas relaciones fueron descubiertas por Juan de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, además de que mantenía contactos con los rebeldes holandeses. Antonio Pérez, temeroso de que revelase el secreto, le denunció ante el rey de graves manejos políticos y Escobedo apareció muerto a estocadas, de lo que la opinión pública acusó a Pérez, pero pasó un año hasta que el rey dispuso su detención. Los motivos de la intriga que llevaron al asesinato de Escobedo y a la caída de la princesa no son claros. Parece probable, junto a la posible revelación de la relación amorosa entre Ana y Antonio Pérez, también la existencia de otros motivos, como una intriga compleja de ambos acerca de la sucesión al trono vacante de Portugal y contra don Juan de Austria en su intento de casarse con María Estuardo.


El encierro


Palacio Ducal de Pastrana, lugar del encierro de la princesa de Éboli.
La princesa fue encerrada por Felipe II en 1579, primero en el Torreón de Pinto, luego en la fortaleza de Santorcaz y privada de la tutela de sus hijos y de la administración de sus bienes, para ser trasladada en 1581 a su Palacio Ducal de Pastrana, donde morirá atendida por su hija menor Ana de Silva (llamada Ana como la hija mayor de la Princesa, se haría monja luego) y tres criadas. Es muy conocido en dicho palacio el balcón enrejado que da a la plaza de la Hora, donde se asomaba la princesa melancólica. Tras la fuga de Antonio Pérez a Aragón en 1590, Felipe II mandó poner rejas en puertas y ventanas del Palacio Ducal.
No está tampoco muy claro el porqué de la actitud cruel de Felipe II para con Ana, quien en sus cartas llamaba "primo" al monarca y le pedía en una de ellas "que la protegiese como caballero". Felipe II se referiría a ella como "la hembra". Es curioso que mientras la actitud de Felipe hacia Ana era dura y desproporcionada, siempre protegió y cuidó de los hijos de ésta y su antiguo amigo Ruy. Felipe II nombró un administrador de sus bienes y más adelante llevaría las cuentas su hijo Fray Pedro ante la ausencia de sus hermanos.
Falleció en dicha localidad en 1592. Ana y Ruy están enterrados juntos en la Colegiata de Pastrana.


La princesa de Éboli, en el cine

En 1955 se realizó la primera película basada en la vida de Ana de Mendoza, a la que dio vida Olivia de Havilland, bajo el título precisamente de La Princesa de Éboli (1955), dirigida por Terence Young.
En 2008 se estrenó la película La conjura de El Escorial, dirigida por Antonio del Real y que narraba, con relativa fidelidad, las intrigas de Antonio Pérez y la Princesa de Éboli. Este último personaje fue interpretado por la actriz británica Julia Ormond, conocida por sus filmes anteriores con Brad Pitt y Richard Gere.
Finalmente, el 18 de octubre de 2010, se estrenó una miniserie de dos episodios para televisión (Antena 3), con Belén Rueda al frente del reparto en el papel de la Princesa.


 

 
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  • Enlaces externos


    L’Any Sant Simó

    És l’anomenada “ermita dels pescadors”, tot i que la gent que llaura la terra, per la seva situació propera a les Cinc Sènies, també se l’han fet seva i una de les imatges més boniques que avui s’hi pot veure és de Sant Galderic, patró els pagesos catalans. No obstant, l’ermita de Sant Simó bufa 400 espelmes havent traspassat sectors i oficis i convertida en pràcticament un símbol de tota la ciutat, i essent un indret que ha propiciat dos elements ben emblemàtics de la capital del Maresme, la Coca i el sabre de pastisseria. “Penso que l’ermita de Sant Simó és tant de Mataró com la Missa de Les Santes, i el culte a aquest sant anterior al de les santes Juliana i Semproniana”, considera Joan Vives, lligat a les activitats de l’ermita des de ben jove i que de manera pràcticament ininterrompuda des de l’any 1980 és protagonista al concert de música barroca que es programa per la festa, primer amb el Trio Unda Maris i més recentment amb el Quartet Barroc de Sant Simó. El 1611, doncs, finalitzava la construcció de l’ermita i es beneïa, i per tant enguany toca festa grossa. “Volem que sigui una celebració de la ciutat, no només de la parròquia. Per això demanem a les entitats que hi posin el seu gra de sorra, que proposin activitats, i ja hem rebut oferiments de colles geganteres, dels Capgrossos de Mataró, o de restaurants de la zona, entre altres”, informa Josep-Joan Badia, que encara no fa un any i mig que és el rector de la parròquia de Sant Simó i de Sant Pau i li tocarà gestionar l’aniversari.

    La idea és no tancar un programa d’activitats, sinó anar anunciant els esdeveniments a mesura que es vagin acordant. “De ben segur que els mesos forts seran entre el maig i l’octubre, però ja s’han fet algunes coses, com ara una trobada i pregària coincidint amb el primer raig de sol de 2011, i l’organització d’un pelegrinatge a Roma entre el 21 i el 26 de març per al que ja no queden places disponibles”, explica el rector. “Tot i que no podem oblidar el context econòmic en què ens trobem, esperem fer una festa – al voltant del dia 28 d’octubre – amb més actes que els altres anys, i ja hi ha confirmada la presència de l’arquebisbe de Barcelona, Lluís Martínez Sistach, presidint la missa”, avança Julià Alzaga, diaca i president de la Comissió Cultural Recreativa de l’ermita de Sant Simó, entitat que organitza la festa des de fa trenta anys.

    Lluny i a prop
    D’un estil gòtic senzill i una façana que des de 1951 conté un gran esgrafiat de Francesc Serra amb els personatges del Paler, representant els pescadors, i de la Maria de Mata, en referència a la pagesia – els dos gegants de l’ermita estan inspirats en els dels esgrafiats - , Sant Simó ha estat lloc de romeries i aplecs al llarg de la seva ja llarga història. Quan la ciutat acabava a les muralles, anar fins a Sant Simó suposava una bona caminada. “Ara ens trobem que és un indret massa a prop si la gent agafa el cotxe i segons com massa lluny si s’hi vol anar a peu. De tota manera, penso que la majoria de mataronins coneix bé l’ermita, i molts aprofiten per venir-hi quan es fa la festa o per Sant Pere, dia en què els pescadors fan l’ofrena de peix”, diu Badia, que reconeix que el fet que només estiguin les portes obertes durant les celebracions “és un impediment per a què més persones hi vinguin i la visitin; però de moment aquest tema no té solució, perquè és un lloc una mica aïllat i no podem obrir-la i tenir persones que hi estiguin tot el dia vigilant”, exposa. La nau conté elements d’important valor històric, com diversos exvots, sobretot en forma de maquetes d’embarcacions i un interessant relleu escultòric de l’any 1691 sobre la porta de la sagristia, o una pintura que recorda la tragèdia viscuda davant les costes mataronines el 20 de desembre de 1923. I com no, l’exvot de la Coca de Mataró, un petit vaixell arrodonit; la Coca original es troba exposada en un museu de Rotterdam, sense que encara s’hagi tret l’aigua clar de per què va “navegar” cap a Holanda, sortint de l’ermita possiblement a finals del segle XIX i passant per diverses mans abans d’exposar-se al Maritime Museum Prins Hendrik. La que es pot veure a l’ermita és una reproducció i donació que va fer Joan Tresserras el 1989.

    Tots aquests exvots es troben sota un sostre que recorda una nau al revés, essent aquest l’element arquitectònic més singular de Sant Simó. Al lloc també s’hi manté l’activitat parroquial, amb catequesi i cursos de preparació matrimonial, a més a més de la missa dels diumenges. “De les grans celebracions catòliques, la que més fem és la del bateig. Molts mataronins, encara que no visquin a prop, han estat batejats a Sant Simó”, explica el rector, mentre el músic Joan Vives considera que una manera de potenciar l’ermita seria obrir-la a més activitats: “Disposa d’una acústica molt bona, i una capacitat per a un centenar de persones molt adequada per fer petits concerts”, considera.


    Fuente: www.capgros.con

    martes, 15 de marzo de 2011

    Vacaciones en mataro

    En mataro ay muchas cosa para ber. romanas, mediavales y mordenismo.
    sus playas son amplia y de arenas suabe.